Afirma Pereira, d'Antonio Tabucchi (Montse Saez)
L’autor:
L’escriptor italià Antonio Tabucchi ha mort a Lisboa, a l’edat de 68 a. Tabucchi va nàixer en Pisa el 23 de setembre de 1943. La mort, tan present en els seus llibres i, especialment, en la seva petita obra mestra "Sostiene Pereira", li ha vingut abans que l’Acadèmia sueca li concedís el Nobel, al que ja fa anys era candidat.
Tabucchi es va enamorar de Portugal i va escriure sobre la seva gent, arribant a ser professor de Literatura portuguesa a la Universitat de Siena. Tabucchi ha escrit l’homenatge més profund a Portugal. En un estat entre l’experiència de lo real i la percepció del somni, entre la consciència i la inconsciència, un home es troba en una Lisboa deserta i tòrrida, al migdia de l’últim diumenge de juliol. Allí recorre els carrers on, Sostiene Pereira, està el cafè Orquídea, l’oficina i casa seva, els laberints on transita el relat que també ocupa indrets de la costa lusitana.
” La muerte de Antonio Tabucchi no es su adiós definitivo. Él y su obra permanecen con quienes amamos la buena y transparente literatura comprometida con la sociedad y su tiempo”.
La novela
Tabucchi logró en Sostiene Pereira una de esas excepciones en literatura en las que fondo y forma encajan a la perfección. Su título alude a la forma en que está escrito el libro, que es una declaración del propio Pereira, pero narrada en tercera persona, como si fuese un informe policial. Esa estrategia proporciona al texto un aire de objetividad que, paradójicamente, logra que el lector se involucre y tome partido a favor de Pereira casi desde el principio, incluso aunque no esté de acuerdo con algunas de sus actitudes iniciales.
Una de las formas de conseguirlo es gracias a otro gran logro de la novela, que es la caracterización de los personajes. Lo consigue, en el caso de Pereira, gracias a los detalles, esos que hacen grande a un personaje: hablar con el retrato de su mujer, su obesidad, sus cambios de camisa (todo ocurre durante un verano en Lisboa y Pereira suda fácilmente), las omelettes a las finas hierbas, las limonadas... En el resto de personajes, aunque lo hace de forma sutil, Tabucchi es capaz de generar voces variadas, con matices que ayudan a diferenciar actitudes e ideologías y a clasificar a cada uno de ellos en un bando u otro.
En esta novela, Tabucchi ha conseguido crear un inolvidable personaje que sin duda dejará una profunda huella en el lector. Y con la historia de este periodista, nos ofrece también una espléndida historia sobre las razones de nuestro pasado que pueden ser perfectamente las razones de nuestro incierto presente.
Con esta novela, una de las cumbres de la literatura de esta década, Antonio Tabucchi logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores.
El relato discurre muy lento al principio. El ritmo es deliberado: intenta transmitirnos la insulsa vida de Pereira. Es exhaustivo en detalles, como si lo estuviera contando un procurador en un juicio. La constante coletilla “sostiene Pereira”, la misma con la que empieza el relato y que le da título, acentúa este efecto. Hacia la mitad del libro hay un punto de inflexión. Ocurre tras el encuentro decisivo con el doctor Cardoso, un médico psicólogo formado en Francia que lo trata en una clínica de reposo. No lo parece en el momento, pero a partir de ahí el relato se acelera, el conflicto interno del protagonista hace crisis y los acontecimientos se le vienen encima. Desde ese momento el relato camina hacia su final: los sucesos que van a justificar toda la novela.
Más importante que leer es, sin duda, releer. El lector puede encontrar esos detalles que la primera vez le pasaron inadvertidos. Mediante ese regreso al libro ya visitado el lector redescubre una narración que pensaba que conocía y la mira con otros ojos, o con nuevos conocimientos, o quizá con un estado de ánimo diferente, de modo que aspectos en los que antes no había reparado ahora son imprescindibles para él, y se pregunta cómo no pudo verlos aquella primera vez que se enfrentó al texto.
A partir de la novela se ha hecho una película homónima, de Roberto Faenza, con Marcello Mastroianni en el papel principal, y una obra teatral interpretada por Paolo Ferrari.
Trama
La novela está ambientada en la ciudad de Lisboa en 1938, en pleno régimen salazarista. Pereira es un periodista que ha abandonado la crónica negra para dirigir la sección cultural de un periódico de la ciudad, el Lisboa. Es un hombre tranquilo, sin ideas políticas, dedicado sólo a la literatura, a la francesa en particular, y al recuerdo de su mujer, muerta pocos años antes, y con cuyo retrato sigue hablando cada día.
Todo se trastorna cuando un joven, Monteiro Rossi, le pide un puesto de trabajo.En realidad, Monteiro no le pide un puesto de trabajo, es Pereira quien va a buscarlo después de leer un artículo sobre la tesina de Monteiro... Pereira lo coge a prueba, y le propone escribir unas necrológicas de personajes célebres todavía vivos, escritos anticipadamente de modo que puedan estar listos en caso de muerte del sujeto. Monteiro, en lugar de escribir las imparciales necrológicas solicitadas, escribe otras, por ejemplo las de Marinetti o Gabriele D'Annunzio, en las que los ataca ferozmente por su adhesión al fascismo. Se trata de artículos incómodos, peligrosos por añadidura. Pereira se debate entre el deseo de ayudar a Monteiro Rossi y el de no verse envuelto en las cuestiones políticas enarboladas por el joven.
Poco a poco, Pereira empieza a admitir la realidad del régimen bajo el que vive, la violencia, el clima de intimidación, la censura a la que es sometida la prensa, todo aquello que no había querido ver hasta ahora, aislándose de la vida real, concentrado sólo en el recuerdo de la esposa y en la literatura.
Poco tiempo después Pereira conoce a Cardoso, un médico que le confía el propósito de abandonar Portugal y marchar a Francia, ideal de libertad. Pereira habla con Cardoso de la sensación de inquietud que experimenta desde hace un tiempo, y Cardoso le expone una teoría personal sobre la confederación de las almas: cada uno, según esta teoría, tiene no una, sino muchas almas, una de las cuales es la dominante; a veces puede suceder que otra de esas almas adquiera preponderancia, determinando así una verdadera y propia metamorfosis; la inquietud de Pereira podría ser, por tanto, el preludio de un gran cambio.
Monteiro Rossi pide a Pereira que aloje a su primo, que está reclutando jóvenes en el Alentejo para combatir contra Franco en la Guerra Civil Española. Son descubiertos y Monteiro Rossi es asesinado por la policía política, la PIDE, en casa de Pereira. De este crimen Pereira obtendrá la fuerza para actuar: con una arriesgada treta, conseguirá saltarse la censura, publicar en su propio periódico un largo artículo de denuncia del homicidio y del régimen, para, inmediatamente, huir de Portugal y del fascismo.
Personajes principales
-Pereira: periodista viudo y cardiópata, encargado de la sección cultural de un modesto periódico.
-Francesco Monteiro Rossi: licenciado en filosofía con una tesis acerca de la muerte, de origen italiano, colabora con Pereira escribiendo necrológicas y luego se dedica a actividades políticas a favor de la República Española.
-Marta: novia de Monteiro Rossi, involucrada junto con él en actividades políticas, es quien en realidad le escribe las necrológicas. Sobre el final del libro se hace llamar Lise Delaunay.
-Celeste: portera del edificio donde funciona la página cultural del Lisboa, es confidente de la policía salazarista.
-Dr. Cardoso: médico y psicólogo formado en Francia, trabaja en una clínica en Parede, le cuenta a Pereira una teoría francesa sobre la confederación de las almas.
-Padre Antonio: cura franciscano, confesor y amigo de Pereira.
-Director del Lisboa: pertenece al régimen salazarista y ejerce una fuerte censura sobre los periodistas del Lisboa.
-Bruno Rossi: primo italiano de Rossi, viaja de España a Portugal para reclutar soldados para luchar a favor del bando republicano en la Guerra Civil Española. Es detenido en el Alentejo.
-Silva: ex-compañero de la facultad y amigo de Pereira, profesor de literatura en la universidad de Coimbra.
-Manuel: mozo del Cafe Orquídea al que concurre Pereira, charla con él de temas políticos.
-Ingeborg Delgado: mujer portuguesa, es judía y está tramitando la visa para partir hacia Estados Unidos, debido a la persecución a los judíos en la Europa de los años 30. Conoce a Pereira en un tren.
-Fonseca y Lima: matones de la policía salazarista, son quienes allanan la casa de Pereira hacia el final del libro.
-Pedro: encargado de la imprenta del Lisboa.
-Mayor Lourenco: encargado de la censura a la prensa.
Comentarios
Sostiene Pereira que su historia es verdadera. Que es cierto que escribió aquel artículo que unos dijeron era antipatriótico y otros que era extremadamente valeroso. Y que por eso, con el retrato de su esposa en la maleta, debió partir ¿a España? ¿a Francia? Dice Pereira que fue en Francia donde encontró al amigo Tabucchi, que lo interrogó como si quisiera escribir una crónica de sus días pasados, sobre todo de los tiempos de Lisboa.
Es que todo este libro es también un homenaje a algunos pocos escritores valientes. Sostiene que ya entonces solía sentir lejanos impulsos generosos, las voces de un nuevo yo emergente. Ése que saludaría su médico Cardoso, como el nuevo presidente de la confederación de sus almas que vendría a hacerse cargo.
Sostiene Pereira que como en toda la obra de Tabucchi persiste una duda contaminante, sobre el héroe, sobre el mundo, sobre la situación del narrador, del autor, de sus lectores. La novela (y quizás porque es muy buena) es un rite de passage, con sus iniciaciones, estaciones, hierofantes y transformaciones.
Pero esas secuencias también van marcando, como sostiene, todas las situaciones, todos los personajes son como transitorios. Y la realidad autoritaria, monolítica, imparable, tiene rebordes con costuras débiles, abiertas a la rebelión. Y así, sostiene anuncia su muerte y no muere, y el que propone la vida, muere, mientras los que disfrutan del poder son sólo carroña.
Sostiene...es como un sueño que se va repitiendo con algunos cambios cada noche, o en cada capítulo. Donde los personajes son como apariciones. Los diálogos tienen una tesitura espectral, arrinconados en la síntesis simbólica que contiene condensado todo el sentido, y siempre referido a nuestra situación. Porque no cabe dudas de que todos los personajes y situaciones del Portugal de esa dictadura oblicua, por alguna razón de esta globalización que estamos viviendo, podemos o sabemos reconocer fácilmente como familiares. Y Tabucchi sostiene la situación onírica. Y por allí va desarrollándose la identidad, como por un laberinto. En estas construcciones se congela el tiempo. Y crece como espacio sólo el cuerpo de Pereira, sostiene.
Sostiene Pereira, y es parte importante de su alegato, que estaba solo. Que rara vez alguien lo acompañaba al café. Que vivía soberanamente solo desde la muerte de su esposa a la que solía hablarle de las pocas cosas importantes que le ocurrían durante días y semanas solitarias, encorvado sobre su máquina de escribir, aferrado al Larousse. Y esa soledad es una clave, sostiene, porque tiene un límite. Por eso el camino del doctor Pereira se va bifurcando en encuentros y solidaridades. Y al final de cuentas, sostiene, no está tan solo.
Sostiene, casi con alegría que en un mundo tan corrupto, la conducta de un solo hombre puede hacer la diferencia, puede marcar otros rumbos. No imaginó, sostiene, que caminaría hacia adentro de millones de espectadores, que después de sentir su propia transformación, ya no serían iguales. Y que habrían nacido para resistir, sostiene.
La novela Sostiene Pereira tiene por subtítulo Una declaración. Y, efectivamente, por su forma parece una declaración prestada ante un policía o un juez. De ahí que muchos de sus párrafos se inicien con el «Sostiene Pereira», «Pereira sostiene» o, simplemente, «sostiene»... Con ello se inicia un estilo muy peculiar que Tabucchi desarrolla magistralmente.
No es menos magistral la recreación del ambiente de Lisboa en 1938 o la descripción de algunas de sus calles, bares, cafés, etc. Pero no se trata sólo de recrear el ambiente urbano lisboeta de la década del treinta, sino también, de reproducir el marco político y social en el que se estaban gestando los trágicos acontecimientos que asolarían Europa en la Segunda Guerra Mundial.
Sostiene Pereira es una de esas pequeñas joyas que nos da la literatura. Son cortas, en apariencia sencillas y narran una historia muy ligada a un personaje. Más que novelas son cuentos. Y lo son sobre todo por su concepción narrativa: el foco unipersonal, la carencia de detalles superfluos, la creciente tensión narrativa y el clímax final.
La película
Sostiene Pereira fue llevado poco después al cine, conducida por Roberto Faenza, la fotografía de Giurato Blasco y la música de Ennio Morricone, y se transformó en el testamento de Mastroianni. Uno inevitablemente ve a la primera personalidad como un mal augurio para el actor, casi relata su agonía. Y miren como aparece Mastroianni detrás de su escritorio. Sostiene que el autor alguna vez vio, ya en Paris, alguna película de Fellini con el joven Mastroianni de protagonista. Pero que nunca imaginó que después de muerto tendría un renacimiento de la carne en la última película de Marcello. Pero de la personalidad que de allí surge, nos nace un presentimiento. Esta es la obra cinematográfica con mayor fuerza ética que hayamos visto. Nos pone frente a las poderosas afasias, esas invitaciones a no pensar a que peligrosamente nos estamos acostumbrando. Este espacio adornado de intelectuales-querubines, que dan aire al sistema moribundo.
La película, con enorme fidelidad a la novela, nos conduce a un ambiente necrológico, y al lento surgimiento de la posibilidad reflexiva y racional, a partir de los temores. Y a la rebelión frente a todo eso de un hombre común, alguien que vive aquejado de miserias y de dolores, obsesionado por un pasado perdido. Y entendemos que toda rebelión es presentimiento, con un poderoso momento en donde de tajo se descabeza lo que parecía tan efectivo.
Sostiene Pereira nos pone también de frente al fascismo cotidiano. Que está allí aguardándonos, apenas salimos del cine, apenas cerramos el libro. Lo bueno del caso es que siquiera ahora lo podemos reconocer. Y también podemos reconocernos.
Esta novela y esta película nos llevan al corazón de la identidad en nuestro propio tiempo. De una identidad que no es sólo un desplazamiento inerte sobre un mundo/objeto, sino una intrincada lucha a través de confrontaciones /aceptaciones /rechazos ideológicos. Y esta estructura textual la entendemos y la gozamos por eso, porque, sostiene Pereira, nuestro mundo está ideológicamente sobresaturado.
La película Sostiene Pereira es un relato sobre la «toma de conciencia» de un personaje y su ulterior compromiso, tema que estuvo muy en boga a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Sostiene Pereira conserva –o recupera– bastantes componentes de aquel tipo de películas. Afronta la narración desde una perspectiva tragicómica, apoyándose decididamente en la interpretación de un actor extraordinario, Marcello Mastroianni. Mastroianni compone con maestría la personalidad del protagonista. El viejo actor nos ofrece un ejercicio interpretativo lleno de matices, que encuentra su culminación en una mirada donde se entrelazan todas las contradicciones y angustias del personaje, hasta hacerle mostrar a veces los ojos sorprendidos o asustados de un niño.
La dirección de Roberto Faenza es muy convincente y acierta con el ritmo pausado que requiere la evolución espiritual y sentimental que se nos va describiendo. Aunque en ocasiones aparecen espacios de la ciudad de Lisboa, el escenario está más bien insinuado en ciertos aspectos de la decoración, como la azulejería de la casa de Pereira y de otros lugares, el mobiliario, los objetos, todo ello presentado de modo muy cuidadoso, que pretende resaltarlos como elementos dramáticos significativos, lo que le da a la narración una fuerte certeza visual.
Como se trata de una película «de época», la necesidad de administrar ciertos factores escasos que deben jugar continuamente para recrear la atmósfera –vestuario de los soldados y gentes, vehículos– impregna la narración de un leve aire teatral, un tono de simulacro que no perjudica al estilo narrativo, sino que intensifica su carácter, como en la relación de Pereira con su portera, que tiene resonancias kafkianas.
Pero es principalmente la interpretación de Mastroianni lo que consigue hacer asumibles, ya que no creíbles, los dos aspectos más endebles de la trama, el arranque y el final. El final, en ese enredo telefónico grotesco que prepara el desenlace de la película, en que intervienen el camarero Manuel y el doctor Cardoso, aunque la interpretación de Joaquim de Almeida y de Daniel Auteuil, en apoyo de la de Mastroianni, hayan conseguido dar credibilidad a los elementos previos a la pueril intriga.
Por otra parte, las últimas imágenes de la película, un Pereira exultante y rejuvenecido en plena calle, introducen en el relato una retórica que, por muy simbólica que pretenda ser, deja en manos del espectador la ardua responsabilidad de sacar al personaje de esa ciudad infestada de patrullas militares y policías sanguinarios.


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