El infinito en un junco, d'Irene Vallejo. Experiències. (Montse Saez)

 


Experiències pròpies de l’autora:

En aquest recull de frases del llibre he tractat de sintetitzar el pensament i sentiments més personals de l’autora en l’edició inicial i, al final, en un addendum posterior, l’agost de 2020. També he desenvolupat el paràgraf de les lectures de la seva mare, incloent els llibres i autors referenciats.

 

Pròleg

Siempre me asusta escribir las primeras líneas, cruzar el umbral de un nuevo libro. […] Con cada libro vuelvo al punto de partida y al corazón agitado de las primeras veces […] La historia real y documentada que voy descubriendo me parece tan asombrosa que invade mis sueños y cobra, sin yo quererlo, la forma de un relato”.

“El libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos […] Por eso decidí sumergirme en esta investigación […] Este relato es un intento de continuar la aventura de aquellos cazadores de libros, al acecho de manuscritos perdidos, historias desconocidas y voces a punto de enmudecer […] que al buscar el rastro de todos los libros, estaban poniendo, sin saberlo, los cimientos de nuestro mundo”.

 

Oxford

Pronto averigüé que Lewis Carol estudió y dio clases durante 26 años en Oxford. Entonces comprendí un gigantesco malentendido: Alicia en el país de las Maravillas es puro realismo literario. De hecho, escribe a la perfección mis experiencias durante aquellas primeras semanas. Los lugares tentadores que podía entrever por el hueco de la cerradura [...] Mi cabeza chocando contra los techos. Habitaciones tan asfixiantes que sentía deseos de sacar los brazos por las ventanas”.

 

Florencia

Tal vez el impulso de escribir este libro nació al calor de aquel primer pergamino que tocaba, de Petrarca del siglo XV que crepitaba, susurraba como una suave hoguera entre mis manos, en la biblioteca del Convento de San Marcos, donde Cosme de Medici en 1444 financió la construcción de la primera biblioteca pública del continente, tras la destrucción de sus antepasadas helenísticas y romanas”.

 

Lectures de la seva mare i el seu pare. El record de l’avi

Mi madre me leía libros todas las noches [...] De niña creía que los libros habían sido escritos para mí […] La suave brisa del relato se llevaba todas las preocupaciones del día y los miedos intuidos de la noche. Aquel tiempo de lectura me parecía un paraíso. El libro cerrado me expulsaba de:

Ø  Los campamentos de Yukón, de La fiebre del oro, de Jack London.

Ø  Orillas del Missisipi, de Tom Sawyer, de Mark Twain.

Ø  La fortaleza de If, cárcel de El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas.

Ø  La posada del almirante Benlow, de Octavio Escobar.

Ø  El monte de las ánimas, de Gustavo Adolfo Becquer.

Ø  La selva de misiones, de Yvorty, la elegida Yaguaret, de Valeria Scherf.

Ø  El lago de Maracaibo, de El Corsario Negro, conde de Ventimiglia, de Emilio Salgari.

Ø  El barrio de Benia Kirk, de Los cuentos de Odesa, de Isaak Babel.

Ø  La Perspectiva Nevsky, de Gogol.

Ø  La ínsula de Barataria, de Sancho Panza.

Ø  El antro de Ella-Larana en la frontera de Mordor, de El señor de los anillos, de Tolkien.

Ø  La Mansión de los Baskerville, de Conan Doyle.

Ø  Nijni Novgorod, ciutat natal de Maximo Gorki.

Ø  El Castillo de irás y no volverás, de Antonio Rodriguez Almodovar.

Ø  El bosque de Sherwood, de Robin Hood.

Ø  El laboratorio de anatomia, de Frankenstein, de Mary Shelley.

Ø  La arboleda del barón Cósimo, en Ombrosa, de El barón rampante, de Italo Calvino.

Ø  El planeta de los baobabs, de El principito.

Ø  La misteriosa casa de Yvonne de Galais, de El gran Meaulnes, de Alain Fournier.

Ø  La guarida de Fagin, de Oliver Twist de Charles Dickens.

Ø  La isla de Ítaca, de La Odisea.

Mi madre quiso enseñarme a leer y yo me negué. [...] Nuestro pequeño teatro nocturno no correría peligro mientras yo no supiera leer”.

“Mi madre todavía guarda el recuerdo de las trastiendas de ciertas librerías durante la dictadura, el ritual de entrada, el miedo y la alegría de ser admitida y tocar la mercancía […] Comprabas sigilo y peligro”.

“Ahora mi madre y yo susurramos las historias de la noche en los oídos de mi hijo. Aunque ya no soy aquella niña, escribo para que no se acaben los cuentos […] Cuento mis fantasías ovilladas con sueños y recuerdos. Me siento heredera de esas mujeres que desde siempre han tejido y destejido historias. Escribo para que no se rompa el viejo hilo de voz”.

“Mi padre me transmitió el amor por la mitología griega; me explicaba La Odisea por entregas, a la orilla de mi cama, por las noches y desde entonces es mi libro favorito”.

“Aquella mañana de los años 90 en Madrid, mi padre desenterró una curiosa pepita. En apariencia, un Quijote. Pero en el lugar del segundo capítulo arrancaba otra obra, El Capital. El tándem Cervantes y Marx era un libro clandestino”.

En uno de mis recuerdos de infancia favoritos, camino agarrada a la mano grande de mi abuelo. A su lado sentía una seguridad absoluta. Mi abuelo quería impedir los males que se podían evitar. […] Este libro trata sobre personas como mi abuelo. Sobre los salvadores invisibles. Sobre la destrucción que alguien evitó con un esfuerzo mudo”.

 

La professora de grec

“Para mí, el griego empezó con voz de mujer. […] Cuando hablaba de Antígona, ella misma era Antígona; y cuando hablaba de Medea nos parecía el cuento más terrorífico […] agradecerle aquella forma tan imprudente de enseñar, confiando en todos nosotros. Creyendo que merecíamos saber. Compartiendo su manera íntima y misteriosa de escuchar las voces del pasado”.

 

Assetjament escolar

“Lo peor fue el silencio. Los perseguidores se repartían los papeles; uno era el líder, y los otros sus fieles secuaces. Inventaban motes para mí, hacían imitaciones grotescas de mi aparato de dientes; me lanzaban balonazos […] me rompieron el dedo meñique en clase de gimnasia; disfrutaban con mi miedo […] el único atisbo de dignidad a mi alcance consistía en resistir, en callarme, en no llorar ante los demás, en no pedir ayuda. Ser escritora ha sido una tardía rebelión contra esa ley. Esas cosas que no se cuentan son precisamente las que es obligatorio contar. He decidido convertirme en esa chivata que tanto temí ser”.

“Los relatos han sido mi salvavidas en las épocas más difíciles de mi vida”.

 


Al·legat final

“Los libros han legitimado, es cierto, acontecimientos terribles pero también han sustentado los mejores relatos, símbolos, saberes e inventos que la humanidad construyó en el pasado:

Ø  en La Ilíada contemplamos el desgarrador acercamiento entre un anciano y el asesino de su hijo;

Ø  en los versos de Safo descubrimos que el deseo es una forma de rebeldía;

Ø  en la Historia de Heródoto aprendimos a buscar la versión del otro;

Ø  en Antígona vislumbramos la existencia de la ley internacional;

Ø  en Las Troyanas nos enfrentamos a la barbarie propia;

Ø  en una Epístola de Horacio encontramos la máxima ilustrada “atrévete a saber”;

Ø  en El Arte de amar de Ovidio hicimos un curso intensivo de placer;

Ø  en los libros de Tácito comprendimos los mecanismos de la dictadura;

Ø  y en la voz de Séneca escuchamos un primer grito pacifista.  

Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido”.

“Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños”.

“El amor por los libros forjó una cadena invisible de gente –hombres y mujeres- que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores sueños, relatos y pensamientos a lo largo del tiempo. Esta es la historia de una novela coral aún por escribir. El relato de una fabulosa aventura colectiva […] narradoras orales, inventores, escribas, iluminadores, bibliotecarias, traductores, libreras, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, viajeros, monjas, esclavos, aventureras, impresores. Lectores en sus clubs, en sus casas, en cumbres de montaña, junto al mar […] Gente común que en muchos casos no registra la historia. Los olvidados, las anónimas. Personas que lucharon por nosotros, por los rostros nebulosos del futuro”.

 

“Empecé a escribir este ensayo en unas circunstancias personales teñidas de tinieblas […] El infinito en un junco nació pequeño. Me emociona que haya crecido gracias a la generosidad de íntimos desconocidos, de secretas entusiastas […] escribir supone también confiarse una misma a otras manos, miradas y voces. Y ahí es donde ha sucedido lo insólito […] este es un libro salvado por la bondad de los desconocidos. A unos y a otras, a ti, a quienes mantenéis viva esta milenaria aventura, mi gratitud infinita”.

 

                                                                                                                              Irene Vallejo. Agosto 2020.

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