La germana, de Sandor Marai. Biografía de l'autor (Beatriz Garvia)

 


Márai nació en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a Eslovaquia, en 1900.

 

Hijo de la burguesía patricia del viejo imperio austro-húngaro, pronto se entregó a  la literatura. Con dieciocho años publicó su primer libro. Siendo estudiante, en Berlín, leyó entusiasmado a autores de la época como Kafka y Trakl.

A principios de los años veinte, Márai se trasladó a París. Su fase más creativa fue la época de entreguerras, que vivió fundamentalmente en Budapest. Publicó más de veinte novelas, colaboró habitualmente en los periódicos más importantes y alcanzó el éxito y el reconocimiento público.

 Tras la guerra, Márai  se exilió, en 1948 y vió largos años en Estados Unidos. En su existencia se reflejan todos los dramas de un siglo atormentado. Hasta su suicidio, en 1989, apartado del entorno intelectual europeo, Márai pasó años de creciente soledad y aislamiento.

 El autor manifestó en una ocasión que veía cómo se desintegraba la clase media húngara, cuyo modo de vida conocía a fondo por haber nacido en el seno de una familia de ese sector social y por haberlo hecho objeto de una observación minuciosa: "tal vez la única obligación de mi vida y de mi trabajo como escritor sea elaborar el proceso de esa desintegración".

 Su obra ha conocido un enorme éxito póstumo en Hungría, Alemania y toda Europa.  Se ha comparado la obra de Sándor Márai con la de Thomas Mann y Gyula Krúdy.  También permanece el aura y el recuerdo de ese ambiente que recrean, aquel mundo europeo de los años de entreguerras, mezcla de cosmopolitismo y grandiosa decadencia burguesa que, como en los relatos de Stefan Zweig, pertenece a una época que hoy nos parece elegante y romántica, un paraíso con cierto olor a podrido ya perdido para siempre.

 

 

 

El escritor y su mujer

 

El escritor y su mujer- LEGADO MÁRAI

 

Desde muy joven a Márai le sedujo la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, "Lola", a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose la vida con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, le hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero.

 

 Fumador empedernido y conversador brillante, la vida de Márai se movió siempre entre el éxito y el fracaso, como muchos de sus personajes. Conoció el Imperio Austrohúngaro, vivió las dos grandes guerras y contó como nadie la desaparición de una clase social, la de la burguesía ilustrada, elegante y educada, que él mismo representaba.

 

 En los años treinta se estableció en Budapest donde vivió la invasión nazi y la ocupación del Ejército ruso. En sus excepcionales libros de memorias contó cómo los nazis mataban a las personas mientras los soviéticos les robaban el alma. Obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cada nueva obra suya era un éxito de ventas que se traducía a todos los idiomas cultos (incluso al castellano hubo traducciones tempranas que hoy son desconocidas). Márai disfrutaba de una vida acomodada, conducía un automóvil y vivía en una amplia y hermosa casa.

 

El escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Enseguida vio lo que se le venía encima a Europa, por un lado, con Hitler y, por otro, con Stalin. Sin embargo, a él la crueldad de la guerra no le tocaría de lleno hasta 1945. Después de la invasión alemana de Hungría, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: "De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores". Estos "libertadores" no se metieron con él de momento, dada su fama. Pero con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista, la estrella de Márai comenzó a declinar. Tachado pronto de escritor "decadente y burgués", aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse a la uniformización colectivizada que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.

 

El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa durante las últimas décadas de su vida -terminaron instalándose en Norteamérica, en Nueva York y, finalmente, en San Diego- contribuyeron al aislamiento de Márai. Continuó escribiendo diarios y alguna otra novela, y gracias a sus colaboraciones radiofónicas con la emisora Radio Europa Libre su voz llegaba a menudo al otro lado del "telón de acero", pero la vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Pasó los últimos años de su vida aislado en su exilio americano y pagando en algunos casos de su propio bolsillo la edición de sus nuevos trabajos. No llegó a ver la caída del muro de Berlín, pero meses antes de su muerte las instituciones oficiales húngaras le pidieron que regresara y le ofrecieron contratos generosos para la reedición de sus obras. Su respuesta siempre se supeditó a una condición: cuando el pueblo húngaro pudiera decidir en unas elecciones libres el sistema político en el que quería vivir. El 21 de febrero de 1989, se quitó la vida de un disparo. La enfermedad se había adueñado de su cuerpo y apenas podía valerse por sí mismo. Unos meses antes había fallecido también su esposa Lola y su hijo adoptivo.

 

 

En cuanto al retrato humano, Márai no fue un escritor aureolado por el "malditismo" ni tampoco un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue en general un señor cabal y mesurado, consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria. En ella volcaba su habilidad y su mucha sabiduría, nacida de la atenta observación de los sentimientos y las relaciones humanas.

 

Durante décadas de exilio, Sándor Márai se mantuvo fiel a su lengua, el húngaro, que fue para él isla de libertad y factor de aislamiento a la vez: su auténtica patria.  La recuperación de su obra, prohibida en Hungría desde la instauración de la dictadura comunista, se ha visto acompañada también del éxito de la crítica.

Hay un misterio en las novelas de Sándor Márai, en el silencio de sus personajes, en la oscura motivación de sus acciones y sus reposos tensos, en las sombras de esos escenarios opulentos y decadentes, ya para siempre perdidos. Ese misterio empezó a conquistar a millones de lectores en todo el mundo desde 1999 (diez años después del suicidio del autor y a medio siglo de su partida de Hungría), a la vez como un presagio y una clave del horror que pronto estallaría. Algo parecido pasa con su vida. Los recuerdos de su familia, que lo concibió y lo crió como la flor de una estirpe y una clase social; sus prematuras memorias; los infinitos testimonios dejados por la prensa y la crítica, que durante al menos veinte años lo reflejaron según el molde del "escritor exitoso"; y por fin, las miles y miles de páginas de los diarios personales que llevaron, durante décadas y décadas, él y su esposa; todo ese material revela, por contraste, un itinerario irreducible a cualquier esquema o mote, empezando por el que él mismo eligió ponerse: el de burgués.

En este autor, como en muchos otros que vivieron el ocaso del Imperio Austro-Húngaro, el trauma de la guerra 1914-1918 fue un parteaguas. En Alemania e Italia la unidad nacional era aún muy reciente para que el torbellino resultante de la primera guerra mundial, ya fuera en la victoria o en la derrota, no fuera otra cosa sino un episodio más en su larga historia.

 El exilio, al fin, fue el precio que pagó Márai para que el régimen soviético impuesto sobre Hungría no pudiera comprarle como individuo. La decisión de exiliarse es algo más que una narración. Es todo un tratado de literatura filosófica.

 Y es bueno vincular de alguna manera a Thomas Mann y a Márai, porque sus obras cabría situarlas en paralelo. (Existe una preciosa fotografía de ambos, saludándose, en Budapest

 

 

 

 

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